martes, 1 de septiembre de 2015

Crónicas dentro de un cuerpo enfermo

Hoy que escribo para olvidarme del dolor, no le escribo a nadie particularmente, sino más a una parte de mi, la parte activa, la que no siento destrozada.
En mis menos de 20 años y sobre todo los últimos años, con lapsos de salvación, sentí a mi cuerpo jugar contra mi. El dolor fisico atrae otros muchos dolores, aunque no digo que sea el único con esta peculiaridad. 
Sentirse encerrada en un cuerpo adolorido, acabado y sin energía es algo que supera mi animo y se apodera de mi mente.
Fueron momentos que hubiese querido pasar dormida, anestesiada, ida a otro lugar... pero lamentablemente, tuve que soportar cada uno de estos padecimientos consciente, recalculando sobre la situación. Y mi caracter canceriano nunca se deja pasar desapercibido, tiene que estar ahí agregandole una catarata de sensibilidad (y que por eso no se entienda exageración)
Primero, no puedo dejar de buscar una explicación, ya  que creeria no haber hecho nada concreto para que me estuviera sucediendo a modo de "causa y efecto".  Y ningun tipo de medicina resultó magica o definitiva, aún comiendo bien, aún proponiendome psicologicamente estar bien, siempre en algún momento termino cayendo, y arrastrando consigo todo lo anterior.
 No quiero caer en bajezas detallando sensaciones de hiper-vulnerabilidad durante momentos de dolor inaguantable, pero sí, la bajeza que implica sentirse mal por estar sola en esos momentos, lo que esta conlleva. La dependencia de otro ser a modo de ayuda, acompañamiento o sostén es por donde se la mire contraproducente. Uno de los motivos, obvios, es que no van a estar siempre, ya sea por imposiciones espaciales, por motivos de separación o por ausencia física (y por suerte nunca, hasta ahora, tuve que vivir eso). Pero vieron qué desesperante es necesitar una sensación que solo puede brindarte UNA persona, lo desesperante en realidad es la ausencia de la persona, la ausencia de la sensación, y peor aún si viene acompañado de indiferencia por parte de esta. Por suerte, mientras escribo esto solo recuerdo, porque hoy por hoy, aunque sea las personas que consideraria en determinados casos imprescindibles, no me ignoran (es materia de otro analicis el alejarse de esas relaciones-humanas, no solo amorosas- y aprender a autovalorarse, que si bien parece fácil diciendolo, en el momento resulta imposible).
Luego, también soy la primera en decir que uno tiene que ser autosuficiente, que tiene que ser feliz, conforme, estando solo... pero a veces en soledad el miedo me invade y no es la unica forma en la que se expresa.  Aunque, caigo en otra contradicción que es no pensar en el futuro, no puedo evitar relacionar la poca estabilidad de mi cuerpo con el futuro. Si teniendo tan corta edad sufri tanto... le temo al resto de muchisimas maneras. Le temo a dolores mas fuertes, a dolores mas extensos, a enfermedades con nombre, con remedios crónicos, a la imposibilidad de concretar sueños o frustrar momentos por culpa de que mi cuerpo no resista. Tengo miedo, en pocas palabras, a sufrir, aún más que a la muerte(que no puedo evitar recordarla más en estas circunstancias). Pero pensar en morir me produce desazón, me produce frustración, nostalgia, impotencia, vacio y hasta incertidumbre, entre otras cosas, pero no miedo rotundamente. Ni siquiera ato ambas cosas entre sí, puedo morir de cualquier otra manera... pero el sufrimiento contrarresta. ¿Contrarresta? Si muero en este momento, todo, en absoluto valió la pena, creo haber encontrado en pocos años, por lo menos el concepto o noción de la libertad absoluta -aunque aún no concretada-, de la falta de estructuras mentales, de una mirada abstraida... y eso me llena más que muchisimo, me llena saber que tuve, por el contrario, sensaciones físicas indescriptibles con palabras (con la comida, con el sexo, con las drogas, con el cariño, con la música u otras formas de arte, con el calor, con la naturaleza, con la relajación). Pero a todo lo hermosamente logrado, el dolor le resta. No solo el dolor físico, también el sentimental por el que estoy totalmente atravesada cuando hablo del primero, y en otros casos.
 Todavía un poco de claridad se asoma cuando me empiezo a sentir mejor, por ejemplo en este momento, sea por causa de estar expresando lo que mi voz interior gritaba, o por el ibuprofeno. En ese estos momentos de calma, de poder secar las lagrimas, es cuando pienso en que tengo la voluntad suficiente para tomarlo solo como un aprendizaje y un incentivo a cuidarme más, aunque no sepa todavia de qué manera. Y nunca quise decir que el haber vivido tantos momentos de enfermedad y debilitamiento físico no aporte nada a un aprendizaje, de hecho influye mucho en la noción que uno va conformando sobre sus propias posibilidades y una autovaloración del cuerpo. Toda experiencia, en su medida y tiempo, es válida.

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